lunes, 21 de marzo de 2011

Y te amaré por siempre - Parte 3.

Y entonces nos abrazamos, como habíamos hecho siempre, como haríamos para siempre… Un abrazo que significaba mucho más que simple afecto. Y en realidad, aunque yo aún no lo sabía, no era más que el comienzo de una nueva etapa, ni mejor ni peor… Solo… Diferente.

Recogimos mis cosas y nos marchamos. Me quedé mirando pensativa el cuadro de cristales de la cocina antes de cerrar la puerta. Ya le echaba tanto de menos…  Suspiré, y cerré la puerta.

Entramos en el coche.
Mica se acurrucó junto a mí en la parte trasera. También había muchas bolsas de Lucila. Hasta ahora no había caído en la cuenta de que ella también iba a pasar un tiempo fuera…
Sonreí para mis adentros…
Me alegraba de tener las amigas que tenía, eran capaces de hacer todo lo que hiciese falta para que yo estuviese bien. Aunque… Él habría hecho lo mismo.  Intenté contener una lágrima.

Pensar en él me hería profundamente. Sentía como el dolor seguía extendiéndose por cada célula de mi ser y las aplastaba hasta ahogarme con ellas.
De nuevo, intenté no llorar.

Miraba por la ventana los dulces paisajes hacia la casa.
Estaba en un pueblo a las afueras de la ciudad, alejado de todo. En el pueblo había trescientos habitantes, y subsistían a base de la agricultura y la ganadería. Iba a ser interesante ver cómo vivía la gente ahí.

-Hemos hablado con tu jefe- Comenzó a contar Mica.
-Y tienes un mes de vacaciones- Terminó Lucila.
-Yo cerraré el negocio mientras estemos aquí.- Mica tenía una pequeña tienda de música en el centro de la ciudad.
-Y a mi también me dieron vacaciones.-Sonrió Lucila-Tenemos un mes para nosotras tres.-

Me pregunté qué había sido de Samuel, el novio de Mica, ya que siempre estaban juntos, o Alonso, el novio de Lucila, que no podían estar ni cinco minutos sin verse, pero decidí no preguntar. Una vez más, no me apetecía hablar.

Llegamos a la casa y Lucila aparcó el coche frente a la puerta.
El lugar era precioso. Era una enorme casa rodeada de jardines, sin nadie a su alrededor. Las paredes eran blancas y tenía muchas ventanas grandes. El lugar irradiaba paz y tranquilidad.
Tan sólo se podía escuchar el sonido de los pájaros al piar, y de nuestras pisadas. El aire era puro y reconfortador.
Había cientos de flores alrededor de la casa, de todos los colores y de todas las formas, que desprendían un aroma que ni el mejor de los perfumes podría haber imitado.
Pude distinguir el sonido del agua así que supuse que habría un río. Más tranquilidad.

Decidimos entrar en la casa.
 Lucila era quien tenía la llave.
 Abrió la puerta y pudimos ver una hermosa entrada, con las escaleras al frente. Todo parecía ser de madera, el suelo era de parqué y las paredes de papel pintado. Eran de color crema, con pequeños puntitos más oscuros. Junto a la puerta había una mesita de madera con un jarrón que contenía flores frescas.
Las escaleras eran del mismo color madera que la mesita, Con una barandilla de madera muy elaborada.

Mica y Lucila sonrieron, ilusionadas, y me miraron y abrazaron. Me sentí tan arropada… Pero aún me faltaba él…
Suspiré.
Subimos las escaleras las tres juntas, dadas de la mano, y nos sorprendimos con una muy iluminada planta superior
Había ventanas en el pasillo, y también muchas ventanas en las habitaciones. Como había cuatro dormitorios, todas pudimos elegir.
Yo escogí uno muy luminoso, con tres ventanas y una preciosa cama de matrimonio. Todo era de madera oscura, con una alfombra verde pradera y las paredes celestes. Me recordaba a los interminables campos de trigo de donde yo me había criado. La colcha tenía el dibujo de una fresca pradera.
Mica eligió la más grande, con los muebles de madera oscura y todo decorado de colores rojo y negro.
Lucila eligió la más pequeña de las tres, pero la más bonita. Tenía pocos muebles pero los que había eran hermosos. Eran de madera clara.
Las paredes eran de color lila, y el suelo era de parqué claro. Todo tenía pequeñas decoraciones moradas y encajes blancos.
Se la veía tan ilusionada…
Él también se habría ilusionado al ver aquella casa…

Suspiré mientras una única lágrima rodaba perfecta por mi mejilla.
Lucila me vio y me volvió a abrazar.

-Shh- Susurraba- Se que lo echas de menos… Pero cariño, la vida es así… Algunas cosas vienen y otras van… Entiendo por lo que estás pasando. También se lo mucho que lo amabas y que es muy duro.

Y así, escuchando las palabras tranquilizadoras de mi mejor amiga, pasaron mis primeras horas en aquella casa.
Mica se unió a nuestro abrazo cuando nos vio, y las tres, sumidas en ese abrazo, en ese cariño, en ese hogar, lloramos.
Lloramos por todas las dificultades. Lloramos porque no éramos tan felices como antaño. Lloramos de tristeza, de alegría, de emoción… De amor…

2 comentarios:

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